"Historia y Traducción" Tentativas en la obra de los pasajes. En un primer momento pareciera ser un pie forzado respecto a la ley que nos impone este trabajo, recopilación de documentos, que se ha llamado, o más bien, nos ha llegado como Libro de los Pasajes. Nos ha llegado en nuestra lengua o lo que entendemos como ésta, sin querer decir de ningún modo que ella nos pertenece cuando decimos “nuestra lengua”. El pie forzado se refiere a aquello que produce esto que nos ha llegado ahora como el título de esta tesis. Él quiere antes que nada, nombrar una posible entrada –por usar un modo de decir que sin duda no le hace justicia- al Libro de los Pasajes. Texto que recién, sólo ahora se nos hace audible. Benjamin en su convoluto N titulado “Teoría del conocimiento, teoría del progreso” se referirá al texto, en los siguientes términos: el texto es el trueno que sigue retumbando. Sin embargo, este eco que resuena provoca una resonancia, la cual ha sido, lo es y posiblemente –terriblemente- será un sonido para oídos demasiado determinados. Oídos selectos a los que sin duda ya les sonaba este nombre ha ratos. El pie forzado se produce al nombrar historia y traducción, relacionadas al nombre de Walter Benjamin, se ha provocado algo en ese instante. Tratamos de leer las correspondencias que se abren al hablar de este pie forzado. De los carrefours, los cruces, confluencias, así como Benjamin los nombra en alguna parte de su trabajo sobre el surrealismo.
En
Las afinidades electivas de Goethe, se plantea la cuestión de que “pretender derivar las afinidades electivas de las palabras del poeta sobre ellas es un esfuerzo inútil. Precisamente ellas están destinadas a obstruir el acceso a la critica”. Con esto queda manifiesta la situación en que nos encontramos hoy cuando “nos ha llegado” –a bien pocos en realidad- este libro. Éste, sobre todo nos ha llegado con su historia.
El modo de trabajo de esta memoria será la composición a partir de una serie de ensayos relativos a las temáticas de historia y traducción. Pero no en el sentido lato que estas cuestiones presuponen sino desde el enfoque que Walter Benjamin ha revisado en ellas. La entrada desde la historia se contrapondrá necesariamente a la concepción historicista que ha tenido su punto álgido en la noción de progreso, de acuerdo al inevitable avance en que nos encontramos al ser parte de una historia entendida dentro de un proceso teleológico que inevitablemente avanza.
LIBRO DE LOS PASAJES. Texto recién editado en lengua castellana y que se encuentra constituido por una gran cantidad de notas tomadas por W. Benjamin en relación a diferentes temas que perseguían el proyecto que este tenía de producir el Libro de los pasajes en cuestión. Sin embargo, el Libro de los Pasajes propiamente tal como un proyecto editado con la venia de Benjamin no existe. Pues lo que nos ha llegado de este “proyecto” -y aquí éste término posee un peso significante- son justamente las notas que él autor a su vez dividió en otros grupos de citas o notas realizadas principalmente en la Biblioteca Nacional de París.
Lengua y resistencia
¿Qué quiere decir que haya llegado a nuestra lengua? Principalmente que se ubica en una parte en la que la apropiación resulta como su no-resultado. Donde la apropiación nunca llega a consumarse porque lo más propio de la lengua es el resistirse.
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Montaje y traducción
El libro es la muerte
de las lenguas auténticas.
WALTER BENJAMIN, La crisis de la novela.
¿Cómo pensar la relación, o más bien, una semejanza entre montaje y traducción? ¿Es pertinente el plantearla? Considerar estas preguntas a este modo no quiere decir el clausurarlas dentro de este planteamiento. Y con esto me refiero a la posibilidad de otras lecturas que podrían presentarse. Obviamente, esto no consiste en dar una pura rienda suelta a esta temática y decir que toda lectura valdrá, pues ello no contestará a la ley que exige propiamente la traducción. Y a su vez, esta ley nos pone en el plano ético de la traducción, o para ponerlo en otros términos, en su praxis, esto quiere decir, en lo performativo del lenguaje, aquello que le es propio. El lenguaje es modo de exposición. Y esta responderá a un lugar determinado que se encuentra dislocado dentro de lo que Benjamin ha llamado en su trabajo “Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres” la “concepción burguesa del lenguaje”. Para ella –la concepción burguesa- el lenguaje se encuentra escindido entre forma y contenido, y con esto, rendirá pleitesías a toda la historia de la metafísica occidental. El lenguaje se utiliza, en el sentido enfático que puede tener este término: como útil.
Y la tentativa establecida entre montaje y traducción se relaciona con el mandato que nos proporciona la lengua extranjera.
[1] Como a su vez, con lo referente a la consideración de la lengua como fragmento. Cada lengua se complementa con la otra como los fragmentos de una vasija rota, en la que cada fragmento va completando cada vez más la lengua pura, pero sin poder completarla definitivamente a su vez. Aquí se nos presenta una a-poria, si seguimos el camino, pues cada traducción eleva hacia una lengua más alta a la traducida, sin embargo, su elevación no se dirige en dirección a la propia lengua. Así, la traducción de una lengua a otra se nos presentará como imposible. La traducción de una lengua se ubica en el centro del método, del camino, de la traducción comprendida dentro de la concepción burguesa del lenguaje. En alemán el término que designa tanto lengua como lenguaje es Sprache. Pero Benjamin cauteloso de este juego que el modo de mentar le plantea, marca una diferencia dentro de la misma “lengua”. Así, lo mismo en la lengua ya difiere. El lugar de la propia lengua ya se encontrará escindido en lenguaje(s), pues decíamos, que Sprache también nos designa, el (los) lenguaje(s).
Montaje en los PasajesSe debe leer cada fragmento, cada desecho inventariarlo. Es lo que la historia ha dejado de trunco, de inconcluso. Ya se han recibido los mensajes que se “debían” recibir, al modo en que la concepción burguesa de la lengua escribe su historia. Se nos han transmitido los mensajes, y aquí el lenguaje cumple la mera función de intermediario de éstos. Allí, el lenguaje se pone al servicio de la comunicación y esto quiere decir a la transmisión de contenidos. Y ello responde a la división metafísica que se ha establecido históricamente entre forma y contenido. Pero esta división ya responde a la forma misma que posee la modernidad de la separación de las diferentes esferas, pero en vistas a situarlas como medios. Así el lenguaje es un medio que permite la transacción de contenidos determinados. Sin embargo, existen medios que no responden a fines determinados en respectivas circunstancias y ello quiere decir sobre todo, que no son situables en un contexto determinado, ni deseable, aquella posición del contexto. Pues sólo responderá a aquella usanza que pone a éstos en la pura separación, en otras palabras: estos medios que no participan de las diferentes esferas cuyo contexto las determina en la totalidad a la que pertenecen reciben el nombre de medios puros.
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[FRAGMENTO DE “LA CRISIS DE LA NOVELA”]El principio estilístico del libro es el montaje. Material impreso de todo orden, de origen pequeño burguesa, historias escandalosas, accidentes, sensaciones de 1928, canciones populares y anuncios se encienden en ese texto. El montaje hace explotar a “la novela”, estructural y estilísticamente, y abre nuevas posibilidades de carácter épico. Principalmente en la forma. El material del montaje se encuentra lejos de ser arbitrario. El verdadero montaje esta basado en el documento. En su lucha fanática contra la obra de arte, el dadaísmo se sirvió de la vida cotidiana, a través del montaje. Fue el primero en proclamar, aún de manera insegura, la hegemonía exclusiva de lo auténtico. En sus mejores momentos, el cine trató de acostumbrarnos al montaje. Ahora, él se tornó utilizable, por vez primera, para la literatura épica. Los versículos de la Biblia, las estadísticas, los textos publicitarios son usados por Döblin para rendirle autoridad a la acción épica. Ellos corresponden a los versos estereotipados de la antigua epopeya.
Débil Fuerza y Fuerza Fuerte (en la nota dos, la cuestión del “apelo”, apelación, apelar)
La débil fuerza será la que podremos poner al servicio de aquello que ha sido dejado, aquello del pasado, esa mínima parte, y mínimas partes que la Fuerza Fuerte ha dejado y considerado en lo mínimo, como lo mínimo; y que por lo tanto, no responden a las necesidades históricas
[2]. No se encuentran a su altura. Pero esta comprensión que se ha realizado, no sólo pondrá a éstas en un nivel en que no se encuentran –y aquí deseo poner énfasis a la relación que hay entre encontrar/perder- sino que además no se desea encontrar. Se podría decir que la Fuerza Fuerte ha producido esa perdida, no se les ha escapado para nada esa posibilidad, sólo no se encuentra en su deseo, en otras palabras en su intención. Pues bien, decíamos que ellas no se encuentran al nivel de la historia, pero, este no encontrarse al nivel, clausura la entrada de ellas también. Si éstas, no se encuentran a la altura, esto responderá a un presente pasado y desde esa perspectiva, diremos “es que no se encontraban a la altura”, y por ello clausuramos su entrada. Y por lo tanto, esta clausura se proyecta a la determinación de su no-encuentro posterior dentro del proceso progresivo de la Fuerza Fuerte. Si ellas no se encontraban a la altura, se han perdido. Y si no estaban a la altura del pasado (presente), ésta las posicionó a su vez en un no-encontrarse a la altura en el porvenir.
Del proceder de este trabajoHistoria y traducción, tentativas en la obra de los pasajes. Este trabajo sólo reconoce la forma de la tentativa como mandamiento de la ley que impone el Libro de los Pasajes. Y así, la copula producida entre historia y traducción sólo responde a esa ley. Sin embargo, estos conceptos ya se encuentran dislocados desde la concepción que Benjamin ha planteado de ellos. Por una parte, la traducción ya no se concebirá desde el mero traslado de un contenido de una lengua a otra. Y su gesto más claro puede leerse en la cita que pone desde esta consideración a la tarea del traductor, como una tarea necesaria y a la vez imposible. Por otra, el concepto de historia se planteará como una tarea, y esto quiere decir, que ésta no se encuentra como algo ya sido en el pasado, y por ello se establece como tarea ha realizarse. Rompiendo con la concepción historicista (…..)
Por otra parte, en La tarea del traductor Benjamin ha determinado a la traducción como una forma. Y de este modo la tentativa de abordar el Libro de los pasajes desde la noción benjaminiana de traducción, plantea desde el comienzo el problema con respecto a la obra. De la diferencia entre la mala traducción, que pretende situarse en el contexto de la vida de la obra y la traducción que comprende su tarea como relativa a la sobrevivencia de la obra.
Este trabajo consistirá en una composición. Ésta responde a diferentes entradas que se han podido articular desde por una parte la noción que Benjamin a trabajado respecto a la traducción, pero no desde su clásico enfoque en la historia, ni desde la pura posición que la hermenéutica ha desenvolvido ante ella. Y esto principalmente quiere decir, que no consideraremos aquí ni en lo sucesivo a la traducción como un método, tomando en cuenta lo que conlleva el considerarla de ese modo. En otros términos, al considerar a la traducción como un método estaremos aceptando el encuadramiento de ésta en un determinado sistema de entendimiento y organización. Y más bien aquel es el abismo en el que se encuentra cualquier teoría relacionada con el lenguaje. Así como la reducción que se establece al presentar al lenguaje tan sólo como el de los hombres, obviando así todo aquello otro que se ha olvidado; la consideración de la traducción como método también la reduce principalmente sometiéndola a un servicio determinado, el del método. Y la consideración que abre Benjamin en torno a la traducción mas bien plantea el cuidado que se debe tener para no caer en ese abismo en el que las teorías del lenguaje se han ubicado. Desde ese olvido que se ha provocado en el comienzo. Del comienzo como olvido. Por otra parte, a lo que Benjamin ha tratado en su trabajo “Sobre el concepto de historia”. Y aquí nuevamente y contra cualquier servicio, enfatizar que lo que se ha trabajado en aquel texto no puede “servir” como método para el estudio de la historia o la escritura de ella. Aquel trabajo nos pone en un detenernos frente a ella, a su velocidad, a su pluma dirigida sin más al porvenir. Y aquí la pluma no es accesoria ni puesta por una pura intención que se ha forzado. Lo que está en cuestión es la escritura de la historia. Y la consideración de ese trabajo como un método, pondrá determinantemente a la historia como servicio. Ante ello, no respetamos su ley, aquella que nos ha impuesto y sí más bien le entramos en la diferenciación de sus contenidos. Y la tarea que él nos da –entendemos- no consiste en nuestra entrada en él, y sí más bien en su entrada.
Fragmento y tentativas: El proceder de este trabajo contesta a la íntima posibilidad que plantea el “Libro de los pasajes”, en lo referente a su estructura. Él carece de lo que suele llamarse una estructura determinada
[3]. Y aquí la cuestión de la determinación será fundamental. Así la determinación de su estructura produce un posible determinismo en su lectura. Pues él se encuentra compuesto por un material consistente en diversas notas, además de los textos “París, capital del s. XIX”, en sus dos versiones escritas por Walter Benjamin, la primera en alemán y que tras algunas criticas de Adorno y Horkheimer entre otros, dio paso a una segunda versión, pero esta otra, en francés. Además, el primer trabajo, relacionado a los Pasajes titulado justamente “Pasajes”, y por último el texto “El anillo de Saturno”. Estos últimos títulos mencionados, si bien responden a textos formalmente terminados, no por ello se consideraron como directores de la presente investigación. Es decir, no se establecerán como guías de lectura, más que el restante material. En otras palabras, cada fragmento se leerá en tanto material. Aquí el material no será otra cosa que eso, sólo material. No se considerará a los fragmentos relativos a una totalidad, que por cuestiones editoriales hemos recibido como Libro de los Pasajes. Por ello la tentativa aparece como el gesto que responde a aquella ley que nos impone de partida este material. Además comprender el LP como una obra redonda –usando un término de Adorno- no responde a la misma ley que este proyecto nos impone. Pues cada elemento del material con que contamos se encuentra desvinculado de la totalidad del contexto vital. Así este fragmento se pondrá en contraste al símbolo orgánico, con ello desaparecerá la falsa apariencia de la totalidad. Arrancado del contexto donde realiza su función y recibe su significado, el fragmento resulta inútil a éste; ahora la totalidad se presenta pero de un modo diferente “está montada” y este montaje no es sino lo que en la totalidad no aparece. El montaje de la totalidad se presenta como aporía. Estructuralmente la totalidad no puede estar montada, fragmentada. El fragmento inscribe el momento de la sobrevivencia de la obra. Por ello la relación que establezcamos con él no debe buscar tampoco encontrar ni desear imitar el sentido que éste puede haber tenido dentro del plano de su vida, sino solamente en el de su sobrevivencia.
[PROCEDER, MANTENER: El proceder de la tesis no puede olvidarse del soporte que es la universidad, su posibilidad en términos materiales. Pero al mismo tiempo es la universidad la mantención de la barbarie. Pues, parafraseando el “Sobre el concepto de historia”, sabemos que la lucha de clases es aquella por las burdas cosas materiales, sin las cuales no podrían existir aquellas refinadas y espirituales. Aquí confluyen ambas: la universidad se presenta como presentación. Sin embargo, no debemos tomar esta presentación de ningún modo como algo positivo, ni para la lucha de clases, ni positivo en el sentido histórico.]
Interrumpir: Las entradas que se realizarán en lo sucesivo no se encuadrarán de manera directa a los planteamientos que se han formulado de acuerdo a las sucesivas correspondencias de Benjamin tanto con Adorno, Scholem, Felicitas, etc., en lo referente al proyecto de los pasajes propiamente. Ni –directamente- a las cuestiones desarrolladas en los trabajos relacionados como lo son el “Paris, capital del siglo XX”, ni “El anillo de saturno” o el breve primer trabajo “Pasajes”. Ceñirse a éstos sin más no respondería a la intima fuerza que pueden tener éstos sin posicionarlos dentro de esos rangos. Sin embargo, con esto no se quiere decir, de ninguna manera, que serán obviados en el proceder de este trabajo, sino más bien que en tanto posición autorizada, en relación al abordaje de los temas. Y esto quiere decir, sin duda, de su historia y de su encuadernamiento dentro de los planteamientos institucionales que ha recibido también editorial y académicamente el trabajo de Walter Benjamin.
Empatía y aura
Fustel de Coulages se ha referido al modo de proceder cuando se escribe la historia, al modo de representárnosla para el acto de la escritura, pero este modo que responde a la empatía, es decir, al modo empático en que uno pretende ponerse ahí en el momento de lo sucedido; en realidad manifiesta una sorprendente lejanía y esta lejanía es la que debemos tomar como nuestro principio en el momento de la escritura. Pero ¿qué sucede con la noción de aura y esta relación con la lejanía?
(…) El presente se haya constituido de espacios vacíos, y las imágenes del pasado exigen su reconocimiento en el presente, pero este reconocimiento no se relaciona con la representación que de ella poseemos, y aquí el poseer se relaciona directamente con el concepto de empatía. Poseemos las representaciones que nos han llegado del pasado, que se nos han entregado, que hacen parte del botín que los vencedores inventarian en cada momento. Ésta es la situación en la que el presente se hace deudor del pasado trunco, de la manifestación de las imágenes que corren el peligro de perderse.
Tarea…la traducción no es sino un procedimiento transitorio y provisional para interpretar lo que tiene de singular cada lengua.
WALTER BENJAMIN, La tarea del traductor.
La traducción es una forma, dice Benjamin en La tarea del traductor, pero esta forma no responde sin más a este significante; sino más bien a una forma determinada, y así la traducción siendo una forma, responde a la de aquello que no es completo, y a su vez, esta incompletud que es manifestación en la forma está de la mano de la temporalidad que la atraviesa. La traducción no se instalará en un momento de clausura de lo traducido, pues responde al carácter de lo transitorio y de lo provisional. Así la traducción se “manifiesta” bajo la forma de lo provisional y de lo transitorio. Podríamos decir del mismo modo que la traducción se presenta (Darstellung) bajo la forma de lo provisional y de lo transitorio.
La tarea del traductor tiene más relación con la sobrevivencia de una obra que con la vida de ésta. En el momento en que el traductor acoge la obra, no es ya participe de lo que concierne a la vida de esta. Desde esta perspectiva, podemos decir que el traductor siempre toma el lenguaje de la obra como ya caído, de este modo se relaciona a su vez con el proceder del historiador materialista. Este no debe -al modo en que Fustel de Coulages lo enseña- pretender acceder al momento histórico de la empatía, cuyo proceder empático, manifestación de tal pretensión, clausura la posibilidad que exige éste, pues la configuración del momento histórico no depende del ahora de lo sido, su carácter debe entenderse como donación a un ahora diferido. Este es el ahora con que el historiador cuenta. De este modo, clausura y posibilidad son manifestación del proceder empático como pura pretensión. Sin embargo, podríamos decir que lo más propio de la posibilidad es poseer el carácter de la potencia, de aquello que resiste, de lo abierto; y por otro lado esta posibilidad se encuentra clausurada por el proceder empático que la pretende, cual Antinoo en una Danza Macabra, como en las Flores del Mal. Tal pretensión resulta luego, contradictoriamente coherente
La configuración del momento histórico no depende del ahora de lo sido, pues su carácter debe entenderse como donación a un ahora diferido. Este es el ahora del historiador.
El proceder relacionado con la empatía, se pone en tal pretensión, la de aquella posibilidad. Sin embargo la zanja, la clausura en tanto posibilidad. La posibilidad posee el carácter de una potencia, y el modo de la empatía
cuando la manera y el modo que tenemos de relacionarnos con lo sido ya está en la distancia, por ello tal pretensión resulta contradictoriamente coherente. Pero esta ridiculez, como en alguna parte dijo Derrida, refiriéndose a la contradicción como la fuerza del deseo
[4], sólo es manifestación de aquel deseo que siempre se ubicará en el momento de la escritura.
Traducción, Resistencia: El abordaje del Libro de los Pasajes, tomando en consideración el concepto benjaminiano de traducción, antes que nada, llama a la resistencia que el texto nos propone. Nos pone y propone o más bien pre-pone en cada ocasión en la que se pretende su revisión. Ésta resistencia le es propia al texto y debemos contar con ella. Si bien Benjamin no utiliza la palabra resistencia, ella suena en cada parte de su obra. Pero ¿a que obra nos referimos? Este problema también es de resistencia del texto. De este modo la resistencia a la “obra” se situaría como constante parerga. El discurso nombra las obras, pero la resistencia que el texto presenta ahí en tanto que parerga permite, o más bien, no-permite la clausura de éstas, su consumación, su consumo. El texto como consumido, consumado. Así el mal traductor, dirá Benjamin, pretende comunicar el sentido de la obra, de la lengua extranjera a la propia. Sin embargo, este consistirá en una transmisión inexacta de un contenido no esencial.
Decía que debemos contar con la resistencia del texto, y que no se puede nombrar propiamente a la palabra resistencia dentro del vocabulario que llamamos por economía en este lugar de benjaminiano. Debemos contar con la resistencia del texto, resistencia antes que nada al discurso. El traductor no accede así a la obra viva, a la vida de la obra. Acá aparece la resistencia en Benjamin. La obra no se encuentra dedicada a ningún lector. Es la resistencia presentandose otra vez. No nuevamente. Es la misma resistencia, la que se opone a la apropiación discursiva. El texto pone resistencias en tanto que presentación (forma) y no en tanto que representación (contenido).
La tentativa como respuesta –establecer el juego con la pregunta(la violencia)-
Las tentativas que se presentan en lo consecuente son antes que nada una respuesta. Pero ella no responde a ninguna pregunta -¿qué gesto más violento que el preguntar?-, sino más bien, a una exigencia. Esta exigencia es sobretodo, la exigencia del pasado que no se ha resuelto y de este modo nos llega, por lo tanto, como exigencia. Responder a tal exigencia es la tarea que encauza el quehacer tentativo de este trabajo.
La tentativa responderá al llamado que nos realiza el texto “el trueno que sigue retumbando” [N 1, 1]. Responder a este llamado significa entender el don que se recibe. “…responde con ello a la verdad de que nada de lo que tuvo lugar alguna vez debe darse por perdido para la historia…” (Sobre el concepto de historia, III)
Nota tres sobre el concepto de historia
“sólo para la humanidad redimida el pasado es citable, en cada uno de sus momentos”
Cada momento podemos citar al pasado de forma incompleta. Pues el pasado citable posee la dignidad de su propio nombre, el que nos permanece nombrable tan sólo como nombre común.
Historia y traducción (intención)
¿Cómo plantear esta posición? Ella se encuentra, se nos presenta sobre todo, bajo –o de la mano de- la cuestión del método. Sin embargo, aquí, el método no se configura a partir de ciertas premisas determinadas ni en el caso de la traducción, ni en el de la historia. Realmente, la configuración de la traducción que se nos presenta en “La tarea del traductor” pone en cuestión el acento de lo determinado en la traducción. Allí lo determinado es manifestado bajo la figura que suele poner por un lado la libertad en la traducción y por otro la fidelidad. Libertad y fidelidad se plantean como un lugar determinado en la traducción. De este modo una determinada arbitrariedad existente en la traducción, sería derivación directa de su propia teoría, la teoría clásica de la traducción. A esta determinación dentro de lo que se refiere a la traducción, podríamos llamarla arbitraria. Sin embargo, lo arbitrario de la traducción responde más a un lugar, uno otro, que el de la determinación en lo que llamamos la teoría, o más bien, el estudio teórico de la traducción. La arbitrariedad no dependerá de este modo de su teoría, aquella en donde lo arbitrario suele ser entendido en palabras de Oyarzún, “la imposición abusiva de un punto de vista"
suele ser entendido como “la imposición abusiva de un punto de vista –o ni siquiera eso, digamos, no más, la imposición de una gana-”; al modo en que Pablo Oyarzún introduce sino más bien, de otro carácter de lo arbitrario, aque
Al traducir siempre se presentará esta cuestión: del por una parte y por otra. Así la traducción dependerá de la decisión(un corte). Pero si la reducción de lo determinante entre una buena y una mala traducción depende de la decisión del traductor esto plantea de partida y en la partida la posición del traductor. La posición del traductor de dos formas: de partida, contamos con el traductor; en la partida, de acuerdo a la decisión de éste. Ello abre en realidad otra cuestión de acuerdo a la decisión y ella dice acerca de la intención del traductor. Sin embargo, en la traducción no hay nada que dependa del traductor, no al menos esencialmente. Pues el problema de la traducibilidad
Tiedemann/ Adorno
Resulta infructuosa la discusión que trata de entablar Rolf al referirse a la concepción de Adorno de acuerdo al proceder en el Libro de los Pasajes. La misma Susan Buck-Morss comenta ésta en su trabajo La Dialéctica de la mirada. Sin embargo, la discusión en cuestión se cierra a la traducción de los Pasajes desde la noción del “sentido”. Desde este concepto, el del sentido resulta pues infructuoso el tomar parte por uno o por otro, ni Adorno ni Tiedemann consideran esta cuestión al referirse al libro de los pasajes. Considerándolo desde ya como un libro, o en otros términos, como una obra ya terminada. Esto nos lleva a revisar si el Libro de los Pasajes, titulo que ya se encuentra propiamente mediado por cuestiones editoriales, responde a la cuestión recién enunciada. Pero por sobre todo, a la revisión de la noción de “obra” y el tema de la “des-obra”. Históricamente y relacionando, en un primer momento, este movimiento, con el énfasis que Benjamin le da a la sobrevivencia de las obras, y en un segundo momento a la misma cuestión que se deja entender de acuerdo a la alegoría, es decir, comprender cada obra al modo alegórico. Esto ya abre problemáticas diversas suficientes que sobrepasan la mera discusión acerca del sentido en el que se enmarcan Tiedemann y Adorno.
Suplementariedad y lengua superior
Toda obra exige la traducción hacia una lengua superior, sin embargo la traducción no es, sino, un procedimiento transitorio. De este modo la lengua superior es manifestación de un parentesco, y es en la traducción donde se hace patente el parentesco que existe entre los idiomas. Sin embargo, por una parte, este parentesco no guarda ninguna relación con la semejanza que pudiese existir entre los diferentes idiomas. Éstos, de hecho, se excluyen entre sí, “todos los elementos aislados de los idiomas extranjeros, palabras, frases y concordancias, se excluyen”, y así tampoco en la relación entre la copia y el original el parentesco implica forzosamente la semejanza. Pero por otra, “estos mismos idiomas se complementan en sus intenciones”, y aquí aparece, como decíamos, en la traducción este hacerse patente el parentesco de los idiomas.
Así cada obra se presenta como paralipomena, que, no siendo un término acuñado comúnmente por Benjamin, sí manifiesta ese índice que no tan sólo en “La tarea del traductor” aparece, sino que en las partes referidas a “Sobre el concepto de historia”, en su critica de la historia como cerrada, petrificada. Así como la historia no se encuentra clausurada, en términos de suplementariedad, la obra estará siempre incompleta.
Historia de la recepción
No deja de ser problemático el que la “obra” de Benjamin responda a un sin número de intereses de la intelectualidad actual. Él mismo en su trabajo sobre Eduard Fuchs se refiere a este problema, el de la recepción histórica de las obras; de su éxito, de su fama. Para Benjamin, en Fuchs conviven dos representaciones de la recepción. En primer término, de acuerdo a la recepción que la obra halló en sus contemporaneos –la que el mismo Benjamin llama de “dogmática e ingenua”, referida a Fuchs-; en segundo -y esta es la que Benjamin nombra como “nueva y crítica”-, se refiere ya no a ésta recepción ingenua que análogamente se podría leer en el “cómo fue realmente” de Ranke, siendo éste “lo único que de veras importa”. Sino a la importancia de esta recepción pero como historia de la recepción. El movimiento no es de clausura en ninguna de sus partes. La representación ingenua, no se clausura con el segundo instante crítico, ni se sintetizan. El movimiento es diferente, éstos difieren.